“El Gomero” sale a la calle



El Comedor de Barrancas de Belgrano “El Gomero”, unido a otras 23 organizaciones sociales, políticas y comunitarias, realizó el sábado 19 de octubre en Plaza Flores la “Tercera Jornada de Repudio y Visibilización de las Violencias hacia Personas en Situación de Calle".


Por Maria Laura Marcondes Y Gian Franco Luchetti


En la calle Fray Cayetano, bajo el pleno sol de las 11:15, las personas hacen sus compras del fin de semana en la feria de comidas. Sobre Rivadavia, música y marchas apabullantes se entrelazan. A mitad de cuadra hay un puesto del Frente de Todos, a unos pasos de distancia, el de Juntos por el Cambio. Cada uno dobla y reparte sus boletas. La grieta. Y en el medio, la “Tercera Jornada de Repudio y Visibilización de las Violencias hacia Personas en Situación de Calle".


A las 11:25 se teatraliza una familia en situación de calle. En manos de los actores, carteles con cifras que representan la cantidad de personas bajo esta condición. 7251, según el “Segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle”, realizado por las organizaciones presentes. Con el título "Crónica de un día frío en la calle", Linter, dirigente de las organizaciones sociales, recita un poema sobre la noche en la calle. La consigna: "Apaga el fuego de la violencia, el Estado es responsable" los bombos suenan cada vez más fuerte "La calle no es un lugar para vivir, ni para morir".






Son las 11:40. La percusión cesa y la ronda se desarma. La obra termina y el microclima se deshace. Linter cuenta sobre la causa: “Pasó una situación terrible, un chabón bajó de un auto en Mataderos, tiró alcohol, y prendió fuego a dos compañeros que estaban durmiendo. Los medios decían que era ajuste de cuenta. ¡No! Era una acción de odio hacia esas personas que estaban durmiendo ahí. Ahí se visibilizó la problemática, de la que ahora de repente nadie habla".


Bajo el sol de las 12, en la mesa de la jornada se preparan nuevas consignas, pero también hay café y galletitas, y la promesa de sandwiches para el almuerzo. Un hombre se acerca a pedir un café, detrás de él, dos mujeres y un niño. De repente, la movilización se transforma en un comedor. La gente de “El Gomero” se acerca. 


“Desde principio de año notamos con mucha preocupación que se intensificó la persecución a las personas que viven en la calle. De modo solapado, pero detectamos que los comensales que venían al comedor, empezaban a tener miedo. Y en el mes de febrero, en un episodio confuso, en el medio de una represión policial a las personas que iban al comedor, murió una de las personas que asistía habitualmente. No se realizó autopsia, nada. Los testigos, las personas que iban a comer, dijeron que la policía lo mató. El informe oficial dice que se desangró solo. Después, el suceso que pasó en la General Paz, abajo del puente. Los medios lo invisibilizaban. Es así que se nos ocurrió armar una red entre todas las organizaciones y hacer acciones concretas de visibilización” cuenta Walter, uno de los voluntarios del comedor.






Sobre el origen de este grupo solidario, Pato, siguiendo la línea de su compañero, comenta “El comedor funciona desde 2002, no hay un tinte político. Atravesó, todos los gobiernos, todos los signos políticos”.


La charla se interrumpe a las 12:25, cuando un trencito amarillo llega al puesto de Juntos por el Cambio. Tanto “El Gomero” como las demás organizaciones elevan sus carteles en silencio y comienzan a marchar por allí, bajo la música festiva de Gilda. El enfrentamiento es fuerte pero pacífico mientras pasan delante del tren, bajo la atenta mirada de dos policías de civil que observan desde el cordón de la vereda.





Son las 13 Carlos, creador del espacio y voluntario, finaliza la charla resaltando que “Al comedor acude mucha gente, que más que un plato de comida, necesita un plato de amor. Necesitan que los entiendan, que los comprendan. Encontrar alguien que se interese por lo que les pasa. No elegimos el lugar del comedor, lo eligieron ellos. Nosotros fuimos los que nos acercamos, porque terminaban el trabajo y se juntaban ahí cerca de la estación, compartían un rato. No estábamos en condiciones de resolver el problema, ni del hambre, ni de la pobreza. Pero queríamos hacer un pequeño gesto acompañándolos para que después de trabajar, tuvieran su plato de comida. Nos encontramos con unos dramas tremendos, tanto con la gente de la calle de la zona, y con los que vienen del Gran Buenos Aires. Pero se creó un clima familiar."
Agrega: "A veces hemos ido y han venido poquitos, pero jamás les fallamos. Ellos saben que nosotros estamos. Es un lugar de pertenencia de ellos y nuestro. No sé quién es más beneficiado por lo que hacemos. Nosotros recibimos cariño y confianza, nos revaloriza como seres humanos. Y a ellos les revalorizamos la condición que les tocó hoy vivir. Eso no lo queremos romper nunca. Y han pasado generaciones, hace 17 años que estoy ahí, de ese grupo original quede solo yo. Pero siempre se renovó”.


Cuando los partidos políticos se retiran de la plaza, a las 13:25, la jornada se convierte en una guitarreada. Pero la grieta sigue, más abierta y dolorosa que nunca.

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