“No tiene ramas, tiene brazos”



Toda organización tiene un líder, un jefe, un dueño; Carlos Durañona prefiere el término "vocero". Cuenta sobre los inicios de El Gomero, sus altibajos, la recepción de los vecinos, el vínculo con el Estado y hasta la importancia que tiene el árbol para él y para los asistentes.


Por Iñaki Garcia Conte y Francisco Peyseré


¿Cuál es tu rol en El Gomero?


Soy el vocero. No soy el dueño ni el jefe. No es el comedor de Carlos Durañona. Soy simplemente uno de los que lo iniciamos en 2002.


¿Cómo surgió la iniciativa?


Durante la crisis del 2001. Hubo un cacerolazo en diciembre, y allí conocí a un grupo de vecinos cortando la Avenida Libertador. Estabamos todos de acuerdo en que algo había que hacer, asi que intercambiamos contactos y formamos la "Asamblea del Bajo Belgrano". En esa reunión surgió la idea del comedor. Me dolía muchísimo ver a la gente en situación de calle, sobre todo a los chicos. No podía quedarme de brazos cruzados.


En cuánto a lo personal, ¿cómo era tu situación económica en ese momento?


Pésima. Estaba sin trabajo. Yo me veía reflejado en la calle. La línea que te separa es mínima, en cualquier momento estás del otro lado. Eso me sirvió para luchar desde el lado de ellos.





¿Cómo está compuesto el núcleo de asistentes?


Actualmente concurren al comedor personas que provienen en su gran mayoría del Gran Buenos Aires: José C Paz, Villa Celina, Tigre, Pacheco, Virreyes, Villa 31. Muchos vienen de ‘Maquinista Salvio’, un pueblo que yo lo catalogaría como la “Capital de la pobreza”. De ahí asisten unas 200 personas por mes. 





¿Qué vínculo se genera entre ellos?


Se ha formado el lugar de pertenencia para los que no la tienen. Nadie viene de José C Paz por un plato de comida. Pensá en el costo del viaje, la comprarían allá. Buscan ese timbre que no tienen en ningún lado. Formamos una comunidad. Hasta soy el padrino de casamiento y de bautismo de varios chicos. Hay padres y madres que han nacido aquí.


Desde los inicios hasta hoy, ¿la asistencia fue constante?


La situación crítica del país que habíamos tenido en 2001 y 2002 empezó a mejorar en 2007 más o menos. La cantidad de gente que asistía a “El Gomero” empezó a ser cada vez menor. Ya no había tantos voluntarios como antes. Pero en 2008 la situación volvió a decaer y la asistencia volvió a ser alta.


¿Qué papel tienen los vecinos?


Están tolerando de a poco esta situación. No es un barrio pobre Barrancas de Belgrano. Están cerca, pero a la vez lejos de nosotros. Luego del suceso con los cartoneros notamos que no contábamos con su colaboración.





¿Qué ocurrió en aquella ocasión?


El 28 de diciembre de 2007 se cortó el tren blanco que traía a los cartoneros y quedaron varados acá. Me preguntaron qué podíamos hacer por ellos porque habían perdido sus trabajos en fábricas, obras en construcción, changas, como pasa ahora. Para ellos era pensar cómo iban a trasladar las cargas, darle de comer a sus hijos, y no tuvieron otra opción que salir a delinquir. Y entonces se me ocurrió, sin contactos ni poder porque soy un simple ciudadano, invitar a organizaciones sociales para el jueves siguiente. Vinieron 150 personas de diferentes organizaciones y armamos en Pampa y la vía casas para 50 familias, lo que fue muy mal visto por los vecinos de la zona. Se dividió el barrio hasta que finalmente una noche vino la policía de la ciudad y metió presas a bastante gente, incluido un voluntario de nuestra organización. Debido a esto, nos juntamos unas 600 personas y afortunadamente logramos que largaran a todos los presos. 


Sin el apoyo de los vecinos, ¿tienen alguna colaboración externa en la agrupación?


La Cruz Roja hace un trabajo maravilloso. Yo integro una red de instituciones sociales de la Comuna 13 y ahí están incluidos ellos. Vienen semana por medio a dar charlas: RCP, cómo curar una quemadura, problemas sexuales, de higiene, de vacunación. Pero también juegan con los chicos, hablan, se mezclan entre la gente.


¿Y financiación externa?


No. Vivimos de lo que juntamos, de lo que pedimos. Somos mangueros por naturaleza. No con el cliché de alimentos no perecederos. A cada uno le pedimos algo exclusivamente: un kilo de fideos, de batata, de carne picada, lo que necesitemos. No siempre tenemos lugar para hacer acopio.


¿Y qué papel cumple el Estado?


Nos quieren echar. El único sector que tuvo alguna suerte de acercamiento en estos 17 años, fue la Policía de la Ciudad. Ellos siempre se mostraron colaborativos con nosotros, estamos muy agradecidos. Los demás solo vinieron en época de elecciones. 


¿Tenés alguna cuenta pendiente a nivel personal con “El Gomero”?


Estos últimos años de mi vida me llenó el alma. Yo no sé si se benefician más ellos o nosotros. He visto verdaderos milagros aquí. Acá practicamos la ideología del amor, el bien común. Ese árbol no tiene ramas, tiene brazos, para ayudar a aquel que necesita. 


¿Qué representa el árbol?


Es nuestra casa. El árbol de la vida. Ha sido el lugar donde se resuelven las cosas más importantes. Hasta le pusimos número catastral. En sus pies están las cenizas de dos compañeras voluntarias que descansan ahí. Yo lo único que les pido es que no se pongan tan cómodas, porque un lugarcito me tiene que dejar.

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